Notas de la platica de meditación del día de hoy, sobre como a veces no podemos estar en calma a pesar de que meditamos, me pasó ayer y estas son mis reflexiones.
El día de ayer que no trabaje, desperté y estuve pensando en lo que iba a platicar hoy en la meditación, ahí tirado aun en la cama decidí hacer la practica de silencio por 8hrs, recordando los retiros de Zen, estar presente en todo lo que iba a hacer en el día, hice mis ejercicios de Yoga para soltar y calmar el cuerpo, me puse hacer meditación, después tareas de limpieza en mi casa, tal como en esos retiros Zen. Volví a meditar pero en esta ocasión, estando en silencio, pude estar realmente quieto y lo que observé simplemente me sorprendió: estaba lleno de pensamientos y sentimientos, no estaba en calma, no estaba vacío, sino todo lo contrario.
Encontré de nuevo dudas, sentimientos, acciones que he hecho, tales como mi divorcio por ejemplo, la manera en que abandoné ese compromiso y el porqué lo hice, también regresó la muerte de mi papá, ya que este ultimo mes muchos amigos, y han sido muchos, han perdido seres cercanos, por lo tanto me recuerda a mi papá y a su muerte, han estado muy presentes. Observé como estoy lleno de pensamientos también, y cómo es que paso mucho tiempo, pero mucho, reflexionando estos pensamientos, buscando, analizándolos, si debería hacer cierta cosa, cierto viaje, o no debería, repaso lo que tengo que hacer mañana o en el día varias veces, hago planes y los cambio. Y también tengo inquietudes, me preocupa la salud y bienestar de muchos seres que quiero, en particular mi mamá, mi hermano y mi vecino, y la mente sigue pensando: que pasaría si ellos no están, estarán bien? Están sufriendo?
Era como estar enjaulado con una fiera, conmigo, o por lo menos, con mi mente. Todo en silencio, todo quieto, no había nada o nadie con quien interactuar, solo conmigo. Estando solo es mas fácil ver mi mente así, si viviera con una o mas personas entonces mi atención de seguro estaría ahí, sale de mi y se enfoca afuera, como cuando estoy en el trabajo, con amigos, o en la naturaleza, estoy distraído de mi, de mi Ser, mi conciencia esta fuera de mi.
Entonces, me di cuenta que tan ocupada estaba mi mente, y en que. Lo peor de todo es que..no pude vaciar mi mente. No pude calmar mi mente.
Entonces pensé en nosotros aquí en Tierra Turquesa, cuando meditamos, cuando estamos en silencio por 20 minutos, y me pregunte: estarán igual que yo? Llegan a calmar su mente? Podrán estar presentes y en calma fuera de un espacio controlado de quietud y silencio? A final de cuentas, para eso estamos aquí, no?
Las enseñanzas budistas te indican como vaciar la mente, como estar en calma y con qué cosas positivas llenarnos, las conozco, y no es que no estuvieran conmigo ayer, pero no explican nada ni arreglan nada ni te protegen del dolor en cuanto te sucede algo o estas lleno de pensamientos y sentimientos por dentro.
Las enseñanzas solo preparan el terreno para lo que hay que sentir en un momento. Te ayudan a ser consciente, a sentir lo que yo sentí ayer. Pero que es? Ansiedad? La mente agitada? No, es lo que el budismo llama la rareza suprema, la tristeza y la alegría de nuestras vidas, te las descubren para que las sientas.
Estamos aquí. Nos vamos. Todos los dharmas están vacíos en si mismos, no hay ningún venir, no hay ningún ir, no hay aumento, no hay disminución, no hay nacimiento, ni muerte, ni sufrimiento, ni cesación del sufrimiento. Así dice el Sutra del Corazón. El Sutra del Diamante dice que todas las cosas condicionadas son para ser vistas como sueños, relámpagos, burbujas, gotas de rocío, espectáculos de magia. Sin embargo, aún así, las lágrimas, los pensamientos y sentimientos vienen.
El maestro Norman Fisher dice «el dolor hiere el corazón, haciendo que se abra, y entonces llega el amor, sale de la apertura y llega hacia la apertura, ese amor que probablemente estuvo allí todo el tiempo y que no nos dimos cuenta porque estamos demasiado ocupados con otras cosas importantes, como para sentirlo.»
En el momento que yo muera, ya no podré hacer nada, pero mientras tenga vida, puedo hacer algo. Ante una pérdida, un dolor, el amor llega inmediatamente ante esa ausencia y ese amor trae una acción inspirada. Si somos capaces de entregarnos a lo que estamos sintiendo, sea un pensamiento, situación, dolor o pérdida, avanzar hacia ello en lugar de evadirlo en un esfuerzo por escapar, negar, distraer u ocultar, entonces nuestros corazones se llenan, y de esa plenitud vamos a hacer cosas de manera diferente, vamos a hacer cosas diferentes.
El maestro budista tibetano Chögyam Trungpa habla de una debilidad, un punto blando en el cuerpo, en el corazón. Un punto que es doloroso. No nos gusta este punto así que tratamos de evitarlo. Y si no podemos evitarlo tratamos de cubrirlo, para no accidentalmente herirlo o tocarlo. Este punto de dolor no es divertido. Sin embargo, es valioso. Trungpa llama a esta llaga la compasión embrionaria, la compasión potencial. (Adiestramiento de la mente, p16). Nuestra pérdida, nuestra herida, es preciosa para nosotros, ya que puede despertar en nosotros el amor, la acción amorosa.
Ayer, al darme cuenta de mi estado, de mis pensamientos y sentimientos, no pude dejar de pensar y de sentir de manera diferente, pero, precisamente es el pensamiento y el sentimiento, tan desagradable y doloroso, que era la verdadera causa de mi sufrimiento. Esto es lo que el budismo enseña.
Cuando ocurre algo, una dificultad, pérdida repentina o problemas, sentimos conmoción y desconcierto. Nos preguntamos, ¿qué ha pasado? Lo que pasa, es que por mucho tiempo esperamos que las cosas sean como siempre han sido, lo damos por hecho como el aire que respiramos, y de repente no es así. Después del choque sigue el miedo y la desesperación. Estamos preocupados por nuestro futuro incierto sobre el cual tenemos tan poco control. Es fácil caer en la parálisis de la desesperación, regresamos a nuestra posición infantil de sentirnos totalmente vulnerables e incapacitados en un mundo duro y hostil. Esta sensación de miedo de auto-disminución oscurecen nuestra visión hasta tal punto que nos llegamos a preguntar si somos las personas que valen la pena, si somos capaces de sobrevivir en este mundo difícil, si merecemos sobrevivir, si nuestras vidas importan, si vale la pena tratar de hacer algo en absoluto.
Esto es lo que se siente cuando el punto blando se frota. La sensación, la desesperación, el miedo, es terrible y no nos gusta, pero es exactamente lo que necesitamos. Es el embrión de la compasión de agitar a nacer. El nacimiento es doloroso.
En estos días muchos de nosotros estamos experimentando el pensamiento y el sentimiento con problemas, porque los tiempos son difíciles. Así que muchos están perdiendo puestos de trabajo, ahorro, hogar, expectativas. Y si no estamos perdiendo estas cosas nosotros mismos, estamos recibiendo de cerca el sufrimiento de otras personas que están perdiendo, y por encima, estamos leyendo todo esto en los medios de comunicación, que a diario describen los efectos de la ansiedad económica en todo el mundo. Todos respiramos en la atmósfera de miedo y pérdida.
Por lo regular, en este estado, no nos inspira hacer una practica espiritual, sin embargo, es cuando mejor estamos claros de nuestra motivación para hacerlo. Sentarse y estar presente con la situación. Darnos cuenta de estos pensamientos y sentimientos, pero no para hacerlos que se vayan, taparlos o evadirlos, sino hacer como que estas de visita en tu «museo de negatividad» y como tal, no necesariamente es la realidad, son exhibiciones negativas solamente. Enfrentar, aceptar, estar ahí con los pensamientos y sentimientos, quizá negativos o quizá positivos, y saber que no son la totalidad de la realidad y que no son tu tampoco, es una de las mas fructíferas practicas espirituales.
Puedes hacer muchas cosas, muchas practicas, como hacer un diario, o compartir lo que piensas y sientes, de seguro no eres el único que se siente o piensa así.
Pero estamos aquí meditando, al meditar, después de ver los pensamientos y sentimientos, de escuchar el silencio entre los sonidos, te puedes dar cuenta del hecho mas fundamental de la vida: estas vivo. No lo pediste, no te lo ganaste, simplemente ahí esta, como un regalo, y estando en quietud, sentado, puedes sentir, respirar, sentir el ser humano, y aunque sabes que no será para siempre, en este momento existes y esta perfecto y completo y lo estas compartiendo, con todo.
Con esta experiencia en la meditación, puedes reflexionar diferente, qué es lo importante en tu vida? que tan importantes en verdad son tus expectativas y aspectos sociales? Que de verdad importa? Importa amarte a ti y a otros.
Y así me ayudó el silencio ayer, a volver a darme cuenta, a volver a sentir que estoy vivo, que eso que estaba lleno en mi mente, no era grave, no es tan complicado, con este sentir viene claridad, y así puedo evaluar mejor los pensamientos y sentimientos de mi museo de negatividad, qué en realidad es mas importante.
Y entonces recordé cuando he estado en la montaña, cuando hace frío y no hay mas que una carpa separándome del medio ambiente, lloviendo, acostado en la tierra, dura, fría y húmeda. El cuerpo cansado después de varios días así. En la mañana, me podía parar en un punto donde el sol me pegaba y me calentaba. Al día de hoy, no hay lujo que yo haya tenido que supere ese momento, y todavía lo siento cada vez que me toca el calor del sol: estoy vivo y eso es lo que importa.


Deja un comentario